
martes, 29 de marzo de 2011
JAVIER HERAUD

miércoles, 23 de marzo de 2011
UN CHOLO UNIVERSAL

CÉSAR ABRAHAM VALLEJO MENDOZA
Un Cholo Universal
Por Manuel Acosta Ojeda
Musicalizar la vasta obra del gran César Vallejo ha sido un reto difícil para nuestros compositores criollos. Hubo buenos intentos, pero lamentablemente no se popularizaron. En este artículo se recuerdan algunos temas. No podemos asegurar que no exista una obra musical académica o popular en homenaje a nuestro querido cholo César Abraham Vallejo Mendoza, aparte de un valse del norteño Alcides Carreño Blas, que fuera interpretado por el trío Los Galanes Criollos integrado por Adolfo Zelada, -primera guitarra-, José Ladd, -guitarra de apoyo y segunda voz- y la primera voz de Luis Pérez, quienes lo estrenaron en Radio Excélsior, -que quedaba en la calle Amargura, hoy cuadra nueve del jirón Camaná- en el mes de julio de 1953 y decía así:
César Vallejo bardo de la angustia
te fuiste un día con aguacero
dejando insignes los "heraldos negros"
para el estilo de postreros días
y si al mundo asombraste con tus versos
fue por que en ellos tu dolor pusiste.
El por qué no alcanzó popularidad, es una incógnita, este hermoso valse parecía exclusividad de Los Galanes, pues nadie más lo cantaba. La dificultad innegable de entender el significado de los versos de Vallejo, es tal vez la razón principal de la ausencia de obras musicales en su honor.
Su obra ha sido musicalizada, por artistas nacionales e internacionales como Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, pero es tan complicada su tristeza y su angustia que no acepta todas las melodías, salvo el yaraví arequipeño, pues en nuestra opinión este género lleva en su interior varios sentimientos étnicos.
Como toda regla tiene su excepción, "Idilio Muerto" sería la obra que, por ser de carácter romántico, acoge mejor la melodía. Las mejores interpretaciones que hemos escuchado son: la de Avelino Rodríguez, cantor y autor de la música en ritmo de yaraví, http://www.youtube.com/watch?v=ucXnBdLbiF4; y en ritmo de valse con fuerte sabor a tondero de José Luis Dammert, en la voz de Gabriel Hernández "Caverito" http://www.youtube.com/watch?v=Y5nf_UFCsps, las que ponemos a su criterio.
IDILIO MUERTO
Qué estará haciendo a esta hora mi andina
y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo coñá, dentro de mí.Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando: "¡Qué frío hay... Jesús!"
y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
César Vallejo nació un 16 de marzo de 1892 en la ciudad de Santiago de Chuco, en las alturas del departamento de La Libertad. Nuestro "ciudadano del mundo", rompe las reglas establecidas y tenidas como obligatorias para alcanzar la categoría de poema, por ejemplo: la métrica, la rima, la estrófica; causando sin quererlo una anarquía en la literatura castellana. La antigua definición de poesía: "Arte de evocar y sugerir sensaciones, emociones e ideas por medio de la palabra, sujeta a ritmo, medida y cadencia", quedó en el olvido. La influencia de Manuel González Prada, anticlerical,
en la muchachada de la época, se ve reflejada de forma contundente en "Los Dados Eternos":
"Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
Y el hombre sí sufre: ¡el Dios es él!."
Yaraví
Tondero
Tomado del Suplemento Variedades del diario "El PEruano" (21/03/2011)
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domingo, 20 de marzo de 2011
LA CANCIÓN DE LA CHICHA

LA CANCIÓN DE LA CHICHA
Por Manuel Acosta Ojeda
Interrumpimos la cronología de los artículos publicados para brindar un pequeño recuerdo de una canción olvidada: "La Chicha", en homenaje a nuestro aniversario patrio.
Son tres las fuentes que nos permiten escribir el presente artículo, la primera es don Aurelio Collantes –"la voz de la tradición"– la cual a pesar de no ser muy exacta nos ha servido de base para seguir investigando, la segunda el gran historiador Juan José Vega y la tercera el honesto y terco recopilador de lo nuestro don Lucas Borja Rojas.
Esta obra fue escrita literaria y musicalmente antes del –aun en estudio polémico– Himno Nacional del Perú, por sus mismos autores, don José de la Torre Ugarte y don José Bernardo Alcedo, posiblemente al saber de la llegada de San Martín con el ejército libertador a Paracas en setiembre de 1920.
Juan José Vega nos dice: "La Chicha se estrenó en las festividades y jolgorios que se organizaron en Lima en los días previos a la proclamación de la Independencia (...). Se trata de una melodía fácil y aun ingenua; con su texto popular pegó sobre todo entre las masas de negros, mulatos, zambos y trigueños que en ese entonces abundaban en Lima.
Debió ser inmensa la algarabía del pueblo a la huída del general Canterac hacia la sierra y el refugiarse del Virrey La Serna y sus allegados en la fortaleza del Real Felipe.
El 28 de julio de 1821, día de la Proclama de la Independencia; no fue la celebración de una victoria militar, ni la rendición del virreinato; para la aristocracia limeña fue una fiesta más de jolgorio, celebrada en el Cabildo, la que fue superada por el baile de gala que ofreció don José de San Martín la noche del día siguiente en Palacio de Gobierno, según La Gaceta publicada el 1 de agosto de 1821.
Sobre el tema Basilio Hall, –marino británico– escribió: "Por la noche, San Martín dio un baile en Palacio, de cuya alegría participó él mismo cordialmente; bailó y conversó con todos los que se hallaban en el salón, con tanta soltura y amabilidad, que de todos los asistentes, él parecía ser la persona menos embargada por cuidados y deberes".
Volviendo a la canción, ésta al igual que la bebida que le da el nombre, había ido madurando de boca en boca, llegando a su punto más alto de fermentación al explotar en las voces de las clases populares que "a todo pulmón" cantaron:
Patriotas el mate de chicha
llenad y alegres brindemos
por la libertad
I
Cubra nuestras mesas el chupe y quesillo,
y el ají amarillo, el celeste ají.
Y a nuestras cabezas la Chicha se vuele,
la que hacerse suele de maíz o maní
II
Esta es más sabrosa, que el vino y la sidra
que nos trajo la hidra, para envenenar.
Es muy espumosa y yo la prefiero
a cuanto el Ibero pudo codiciar.
III
El Inca usaba en su regia mesa,
con que ahora no empieza, que es
inmemorial.
Bien puede el que acaba, pedir se renueve
el poto en que bebe o su caporal.
IV
El sebiche venga, la guatia en seguida,
que también convida y escita a beber.
Todo Indio sostenga con el poto en mano
que a todo tirano ha de aborrecer.
V
¡Oh licor precioso, tú licor peruano,
licor sobrehumano, mitiga mi sed!
¡Oh néctar sabroso de color del oro,
del indio tesoro, patriotas bebed!
VI
Sobre la jalea del ají untada
con mano enlazada el poto apurad.
Y este brindis sea el signo que damos
a los que engendramos en la libertad
VII
Al cáliz amargo se tantos disgustos
sucedan los gustos, suceda el placer.
De nuestro letargo a una despertamos
y también logramos libres por fin ser.
VIII
Gloria eterna demos al héroe divino
que nuestro destino cambiado ha por fin.
Su nombre grabemos en el tronco bruto
del árbol que el fruto debe a San Martín
La aparición del Himno Nacional –el 23 de setiembre de 1821–, eclipsó la popularidad de "La Chicha", que lentamente fue cantándose menos hasta su desaparición.
Tomado del Suplemento Variedades del diario El Peruano.
RECUERDOS DE ANTEAYER

RECUERDOS DE "ANTEAYER"
Por Manuel Acosta Ojeda
EN EL CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE CIRO ALEGRÍA (2009)
Conocimos personalmente al gran maestro, no solo notable escritor, sino valioso ejemplo a seguir por los peruanos con dignidad. Su rebeldía y coraje fueron causados
por su deseo de llenar de panes y libros las mesas de los pobres. Estos "delitos" lo hicieron sufrir carcelería en dos oportunidades: la primera, cuando viaja a Cajamarca para encabezar las manifestaciones populares que invitaban a un levantamiento del pueblo armado en 1931, donde es arrestado y llevado a la cárcel de Trujillo; la segunda fue por participar en los sangrientos hechos del levantamiento popular conocido como la Revolución de Trujillo en 1932, siendo capturado en Huamachuco y recluido en la Penitenciaría de Lima, conocida también como "el Panóptico", donde fue sentenciado a 10 años de cárcel. Allí conoció a Emilio Willman, alias "Carita", renombrado matón del hampa limeña, quien el 2 de mayo de 1915 diera muerte a Cipriano Moreno, "Tirifilo", el más "guapo" de "abajo'el puente".
Willman le contó el duelo que sostuvieron ambos personajes, que se convertiría en 1953 en la novela Duelo de caballeros. En realidad, fue una pelea entre dos faites, noticia cubierta en su momento por Teresa "La Pantera" para Variedades y por J.C. Mariátegui para La Prensa, quien tal vez por su juventud califica a los protagonistas como "dos héroes de la chaveta".
La noticia corrió como reguero de pólvora por todo Lima, dando origen al valse Sangre criolla, de autor anónimo, y que se dice era cantada con la música del vals Canto a Luis Pardo o La Andarita de Justo Arredondo. La revista semanal Variedades, en su edición N° 376 del 15 de mayo de 1915, página 2116, la reprodujo; dato que agradecemos a Darío Mejía.
Aclaramos que los dos primeros versos pertenecen a la zarzuela La verbena de la paloma, de 1894, que también son usados en el vals Los ojitos del
puente.
Sangre Criolla-Vals

Los versos siguen en forma extensa y no fueron los únicos que existieron, muchos escritores de la época dedicaron páginas para este recuerdo.
Las versiones se contradicen. Algunas, como la obra de Ciro Alegría, ponen a "Carita de Cielo" como un justiciero, celebrando su coraje; y a Tirifilo como "el indiscutible mandamás del hampa negra y mulata de Malambo".
Por el contrario, José Torres de Vidaurre le rinde honores, lamentando su muerte:
"Qué vas a hacer ahora, Lima / si a Tirifilo mataron, / a él que era la Plaza de Armas / la Barranquita y Malambo. (...) / Que era el cuco de los faites / caminaba como malo, / y se enjugaba una lágrima / cuando moría un zutano / Conocía los secretos/ muy íntimos del Estado / (...) defendía a las ancianas / molestaba a los macacos.
Muerte de Tirifilo es otro vals, de autor anónimo, en el que es clara la opinión popular: "Quien a cuchillo mata a cuchillo muere (...) / Ni siquiera un leve acento / de dolor se oye cercano / todos dicen: fue un villano / que vivió para tormento. / Es un enemigo menos/ de la pobre humanidad/ que lleva a la eternidad/ el estigma que sabemos."
Emilio Willman era un joven buen mozo, hábil bailarín, buen cantor que se acompañaba tocando la guitarra, lo cual aumentaba su atractivo físico siendo muy cotizado por las mujeres. Cipriano Moreno, por su parte, era un faite negro de Malambo, quizá el más temido de todos.
Gracias a un indulto decretado por Óscar R. Benavides, en 1933, nuestro escritor, el dueño del "ciento", queda en libertad, continuando con su lucha al escribir para el entonces clandestino diario La Tribuna.
Tomado del Suplemento Variedades del El Peruano (09/11/2009)
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lunes, 14 de marzo de 2011
BAILANDO SOBRE UNA GRAN PENA

"LAMENTOS" POR SERIAS DISTORSIONES
Bailando sobre una gran pena
Por Manuel Acosta Ojeda
La guardia vieja de Lima esconde ilustres sembradores de obras musicales, que en ocasiones fueron copiadas sutil o Burdamente. Es el caso del valse "Lamentos" del limeñísimo Ceferino Vergara.
Como suele suceder a menudo, el personaje que llama nuestra atención, es para la mayoría de los lectores un ilustre desconocido, aunque felizmente su obra no corre la misma suerte.Ceferino Vergara pertenece al grupo de los precursores del valse limeño, junto con Justo Arredondo, Miguel Almenerio, Alejandro Sáez, Braulio Sancho Dávila, Pedro Bocanegra, Nicanor Casas, Pedro Arzola, Carlos Gamarra, Manuel Abarca, Guillermo Suárez.
Vergara es autor del valse "Lamentos" –hasta que se compruebe lo contrario–, que fuera publicado en la edición N° 275 de "El Cancionero de Lima" de junio de 1917, siendo grabado el 22 de agosto del mismo año, para el sello Victor por Carlos Gamarra y Alfredo Catter, en las voces, con el acompañamiento en la guitarra de Carlos A. Saco (Victor 72090).
Lamentos -Valse
Perdí mi compañera idolatrada
y mi infortunio siempre lloraré,
en la fosa en que se haya sepultada
se hundirá todo cuanto loco amé,
La cándida paloma noche y día
gime si la abandona su amador
desesperada siento el alma mía
¡Oh cruel destino, tan malo y traidor!
La noche que se enciende tenebrosa
pesa como un sudario para mí
pasión que elevo al cielo, dolorosa,
que solo puede resonar ahí
fue su hermosura mi amoroso encanto,
la adoré con dulcísimo fervor
a ninguna mujer querré yo tanto
¡Oh cruel destino, tan malo y traidor!
Los versos son perfectos endecasílabos, recordemos que cuando la última sílaba es aguda, vale por dos. Poco tiempo después aparece el mismo valse en "El Cancionero Porteño" –dirigido por el "Bohemio chalaco"– en el N° 47, con una cuarta estrofa que fue grabado por el dúo chileno Matrou-Abril y la orquesta de Porfirio Díaz.
Para subir al suspirado cielo
vino por ella un ángel del Señor
en el mundo me encuentro sin consuelo
¡Oh cruel destino tan malo y traidor!
El músico argentino Alfredo Pelaia tomó como inspiración el argumento de "Lamentos", desarrollando hermosos versos a los que tituló "Recuerdos", haciéndole mínimas variaciones en la melodía y conservando el ritmo de valse. Fue llevado al disco en enero de 1941, en la voz de Alberto Castillo y la orquesta de Ricardo Tanturi, apareciendo Pelaia como autor de la letra y la música. "En la noche callada y misteriosa /su recuerdo me inunda el corazón /y su nombre dulcísimo rebosa /de mis labios temblando de pasión. /Ella fue la esperanza de mi vida, /mi consuelo, mi dicha y mi sentir; /la adorada mujer, que no se olvida/y que se lleva en el alma hasta morir. /Yo la amaba con ciega idolatría /ella fue la ventura para mí /porque puso en mí vida tan sombría /con su dulce cariño, la alegría /que consuela la angustia del vivir".
Pero no sería este el único caso de apropiación ilícita, el colombiano Tartarín Moreira utilizó exactamente la misma música del valse de Vergara –no del vals argentino– para su obra titulada "Otro amor de mujer".
El triste valse que compuso Ceferino Vergara a la muerte de su esposa, es maltratado cuando se canta, no con el fin de comunicar un sentimiento, sino sólo pensando en jaranear: "Murió mi compañera idolatrada" (¡así!) "y en mi infortunio siempre la lloraré" (¡eso!) "y en la fosa en que se halla sepultada" (¡dale!) "se hundirá todo cuanto loco amé" (¡voy a ella!). Error repetido en muchas obras sinceramente tristes, donde de tanto escucharlos nos acostumbramos a esta incongruencia. Una de las razones por la que el cancionero criollo es tildado como lastimero y huachafo.
Tomado del Suplemento Vaiedades de El Peruano