domingo, 10 de abril de 2011

UN LENGUAJE UNIVERSAL



UN LENGUAJE UNIVERSAL
Por Manuel Acosta Ojeda
“LA MÚSICA ACENTÚA LA CONCIENCIA COLECTIVA DE LA PERSONALIDAD DE UN PUEBLO, LA QUE LO DIFERENCIA DE OTROS, ELEVANDO SU AUTOESTIMA AL REFORZAR SU IDENTIDAD CULTURAL. LUEGO SE DEBE PROCURAR VENCER LA INTOLERANCIA Y ENTENDER QUE LA MÚSICA DE NINGÚN PUEBLO ES SUPERIOR A OTRA, QUE SON SENCILLAMENTE DIFERENTES...”
En el Virreinato, Lima era la ciudad más importante de América, capital musical de todo el continente. Los maestros italianos Claudio Rebagliati y Carlos Enrique Pasta llegan a nuestra capital en la segunda mitad del siglo XIX y utilizan para sus creaciones académicas, nuestro folclor musical costeño y andino. En el siglo XX están todos los estilos conviviendo a la vez en un panorama muy amplio en matices, que van desde los autodidactas hasta los compositores graduados en el extranjero.
Por tanto, podemos afirmar que nuestra música peruana, –la verdadera y mestiza–, tiene sólidos y hermosos antecedentes que la llevaron hasta las obras maestras de: Luis Duncker Lavalle, Daniel Alomía Robles, José María Valle Riestra, Ernesto López Mindreau, Theodoro Valcárcel y en el caso del valse popular costeño, hasta Justo Arredondo y Felipe Pinglo Alva.
La música es un lenguaje universal, pero tiene nacionalidades que se reconoce por sus particularidades. Sobre todo en sus melodías y sus ritmos. La música pues, no sólo sirve para el deleite estético, también identifica a un grupo humano y debe estar siempre al servicio de las necesidades de éste.
Y a través de esa tremenda diversidad, –música de la quebrada, de la puna, del bosque y la playa– podríamos –ojalá– llegar a la ansiada “unidad peruana”. Esto no es imposible, tomemos como ejemplo nuestro cuerpo humano en el que contribuyen a darnos la vida órganos tan diferentes como: el cerebro y el páncreas, el corazón y el hígado, los bronquios y los riñones, el estómago y los pulmones.
Pues, la música acentúa la conciencia colectiva de la personalidad de un pueblo, la que lo diferencia de otros, elevando su autoestima al reforzar su identidad cultural. Luego se debe procurar vencer la intolerancia y entender que la música de ningún pueblo es superior a otra, que son sencillamente diferentes, que los valores estéticos son relativos y así respetar todas las artes de nuestros pueblos.
Desde allí debemos estudiar nuestra canción criolla, para poder entenderla. Se ha manipulado mucho la información para borrar la importancia de las altas culturas andinas. No existe –que yo conozca– danza, canción o música “criolla”, en la que no se encuentre aunque sea en forma discreta el recuerdo de alguna melodía andina y hasta palabras que provienen del quechua.
No se trata de estudiar la música, para ser profesores de ésta o para ser músicos profesionales, sino para mejorar y perfeccionar el buen gusto y el juicio crítico, aumentar nuestra perspectiva y con ella nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de adaptación y de convivencia, permitiéndonos construir plenamente nuestra personalidad.
La primera forma de comunicación entre los hombres fue, seguramente, con gestos. Luego, antes del lenguaje, la onomatopeya y la melodía que llevan los sonidos de dolor o alegría humana, más tarde, después de un largo y heroico proceso de creatividad, llegar a la comunicación compleja de todos nuestros sentimientos, por medio de la música.
Tomado del Suplemento Variedades del diario El Peruano

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