domingo, 6 de febrero de 2011

LA VIEJA CANCIÓN COSTEÑA


REGRESA COMO EL AVE FÉNIX

La vieja canción costeña

Por Manuel Acosta Ojeda

Tomado del Suplemento Variedades del Diario Oficial "El Peruano" del 31 de enero del 2011

http://www.elperuano.pe/Edicion/variedades.aspx

Como si fuera un ejército de resistencia –sin uniforme–, utilizando solo sus guitarras, voces y corazones, ellos vienen luchando, imitando a las tropas de don Andrés Avelino Cáceres, que jamás se dieron por vencidas.

Cada día somos más los defensores de nuestra vieja canción; claro que es imposible que vuelva a estar en el sitial de antaño. El abandono que sufrió le dejó feas cicatrices. Pero está vivo su recuerdo y es conmovedor. Los criollos somos una extraña y rica mezcla de antiguas culturas nativas y extranjeras, creadores de ese sentimiento tan sabroso – como un tacu tacu– que no se deja silenciar.

Y es que el pasado no desaparece, sencillamente se transforma en presente. Prefiero decir “canción costeña”, porque considero que son eminentemente costeños: el valse, la polca, el tondero, la marinera norteña y limeña. El festejo, totalmente tropicalizado, sigue otro rumbo, lleno de percusión, prácticamente sin letra.

Los presentadores repiten teorías de viejos criollos, olvidando decir la fuente, pero varias de estas anteriores propuestas ya fueron superadas por los mismos autores. Es el caso de la palabra negroide, que por muchos años sostuve, no existía, porque no conocía ni blancoide ni “choloide”, pero me rectifiqué hace dos década más o menos; “negroide” significa “al estilo del negro”, entonces los festejos hechos por Eduardo Márquez Talledo, Filomeno Ormeño, Alcides Carreño, entre otros no afrodescendientes, pueden considerarse como tales.

La nueva sangre, llena de proyectos, no solo basa su trabajo en sus sueños; se está preparando académicamente, complementándolo con la sabiduría popular de los experimentados cantores de los cuatro tradicionales barrios de Lima.

Las reuniones entre sociólogos, antropólogos, sicólogos, educadores, musicólogos, literatos, pintores, alrededor del “llanto de las uvas” embotellado, para hablar sobre el origen de algún poema o recordar canciones hermosas y a sus creadores, cada día son más frecuentes. Mención merecen las reuniones en casa de Wendor Salgado, donde cada estudiante nacional o extranjero tiene como parada obligatoria La Catedral, lugar donde para cantar los asistentes deben aprobar la obra musical; no se canta cualquier cosa.

Como diría Felipe Pinglo Alva, “la guardia vieja son los muchachos de ayer” para después sentenciar: “A los nuevos bohemios entrego mi pendón, para que lo conserven y siempre hagan flamear, celosos de su barrio y de su tradición”. Y es que el futuro de nuestra canción depende mucho de la “guardia joven”; en este sentido, cada centro musical debe convertirse en centro de estudios y buscar la colaboración de científicos. Solo en esa forma podremos conservar transformando o transformar conservando lo mejor. Pero siempre atentos a los cambios sociales, el artista debe de estar de acuerdo con su época. A seguir trabajando.

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