sábado, 26 de febrero de 2011

ALEJANDRO SÁEZ LEÓN

Tomado del Suplemento Variedades de El Peruano

ALEJANDRO SÁEZ LEÓN
Recorriendo sus huellas

Por Manuel Acosta Ojeda

Los padres del criollismo, como Alejandro Sáez, estaban a la búsqueda de la
belleza melódica y literaria en sus creaciones. Muchas veces tomaron versos
de poetas para dignificar el canto popular.

El famoso Almanaque Bristol es el "culpable" de la letra de muchos valses de antaño; tiene –como jugando– 177 años de publicación. El médico neoyorquino Charles Bristol necesitaba publicar sus recetas, y así se convirtió en una inienciclopedia.

Los poemas –o partes de estos– eran convertidos no solo en valses, sino también en yaravíes y habaneras. Hoy veremos el caso de un señor músico, don Alejandro Sáez León, del barrio del Rímac.

En el artículo "Al César lo que es del César" mencionamos la canción "Mis golondrinas", con letra de Federico Barreto y música de Sáez.

Las dos cuartetas primeras de "Emociones de amor", poema de José Fianson (1870-1925), fueron convertidas en valse, bautizado con el título de "Deseo":

"Cada nueva mujer es un deseo,
cada nueva pasión es un delirio;
y el pobre corazón, un Prometeo
enclavado en la roca del martirio.
Cada dulce mirada es un asedio,
cada beso de amor es una herida;
y la pasión, un mal que sin remedio
va acabando implacable con la vida".

A estos versos se les aumentó una cuarteta anónima:

"Tus ojos luceros son/ que ilumina al mundo con su resplandor/ cual limpidez es un rayo/ con tanto dolor."

En el Cancionero Porteño N° 102 salió publicado con el título de "Recuerdo de mi madre", como valse de nuestro personaje, el que se inicia con los siguientes versos:

"Recuerdo que de niño/ sentado en su regazo/ besaba yo a mi madre/ con ardoroso afán. Recuerdo que mis besos y mis tiernas caricias/ le llegaron al alma/ haciéndola llorar. Recuerdo verme solo/ jugar entre las flores,/ de fragantes matices,/ olorosos jazmines/ y verme entre las plantas/ que amante me acechaba/ miraba yo a mi madre/ haciéndola llorar. Recuerdo sus consejos, recuerdo sus caricias/ recuerdo sus consejos/ los que quedan nomás,/ porque la santa madre/ que amante me cuidaba/ dejó este valle triste/ y ya no volverá."

Apuntemos que la letra de los cancioneros, muchas veces, contenían errores o distorsiones.

En la segunda cuarteta debería decir. "Oloroso jazmín"; mientras que en el cuarto cuarteto sería: "que amante me cuidada/ haciéndola reír".

Sus obras más conocidas son el valse "La cabaña", con letra de algún poeta aún anónimo:

Se acerca ya la noche,
en vuelo aligerado,
las aves van volando,
sus nidos a buscar.
Pálida y sonriente,
cual muere una esperanza,
yo veo en lontananza,
la luz crepuscular.

¡Qué triste, qué triste,
es la vida en la montaña!
sin luz en la cabaña,
sin nadie a quien amar.
Ausente de mi madre
bendita, que me adora,
y que tal vez me llora,
en su lejano hogar ..

y "La envenenada" o "El desesperado", que en 1919 el dúo Sáez-Almenerio dejó testimonio, en el sello Víctor, de algunos versos pertenecientes al poema "Desesperación", que consta de 24 cuartetas, de Salvador García Torres, del poemario Flores de amor, París 1907, habiendo que anotar que al final de prólogo
dice: San Salvador 1890. (1). Años más tarde, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, lo graba Jesús Vásquez, con la letra caprichosamente salpicada:

"La luna está casi oculta/ por los negros nubarrones/ que allá en las altas regiones/ van errando, sin cesar. El inquieto mar refleja/ sobre sus olas de plata/
figuras que desbarata/ el viento con su bramar. En la playa, en una roca, sin saber en lo que piensa/ contempla la mar inmensa/ un hombre, con ansiedad. Tristes recuerdos invoca/ pues que sigue pensativo; se ve en su rostro expresivo/ su funesta voluntad... Al ronco son de mi gastada lira/ vengo a llorar,/ no cual amante que a su amada mira;/ cual náufrago que se ahoga en alta mar. Mis dulces ilusiones, tan queridas,/ deshojadas/ fueron por ti, mujer, que mis heridas/ están con tu perjurio envenenadas...".

No hay comentarios:

Publicar un comentario