martes, 7 de junio de 2011

CON EL MAYOR CARIÑO

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CON EL MAYOR CARIÑO



Por Manuel Acosta Ojeda.


Este domingo de mayo vergüenza debería darme marcar un día del año para querer a la madre; tomar del día una hora y de la hora unos instantes y con unos ramos de flores y unos versos miserables y un beso en la frente creer pagar lo impagable…


Este domingo de mayo vergüenza debiera darme que haya un día de la raza; lo acepto por segregarme como acepto sin disfraz un día de carnavales
y acepto el día del indio y acepto el día del padre
y hasta el día del idioma donde se ignora a Cervantes
pero me apena que exista solo un día de la madre
cuando toda una existencia no basta para adorarle....


Este domingo de mayo vergüenza debiera darme
deben haberlo creado para esos pobres hogares
donde el amor lo recuerda lo rojo del almanaque
o quizás para esos hijos que acarician con postales
a la que les dio la vida con llantos, sudor y sangre.


Este domingo de mayo vergüenza debiera darme
marcar el día, la hora y premeditar el instante
inventar un día al año para querer a la madre...
Este domingo de mayo vergüenza debiera darme.


Este poema pertenece a Nicomedes Santa Cruz Gamarra y fue escrito a principios de la década de 1960, coincidiendo en su argumento, con la publicación de la Encíclica "Populorum Progressio", publicada por el Papa Pablo VI en 1967, donde alza la voz contra el capitalismo salvaje, condena la avaricia financiera, el egoísmo y el paternalismo neocolonialista, reclamando un nuevo orden económico basado en los eternos valores cristianos: libertad, justicia y fraternidad.

En esta denuncia está comprendida la condena a la comercialización de fechas y valores humanos que en un tiempo fueron sagrados y eran motivo de reuniones y actividades de gran recogimiento y respeto: a la patria, al nacimiento del niño Dios, a la madre, etcétera.

Los autores populares nos dieron una demostración de cómo el amor a la madre, es más fuerte que la ambición por el dinero, que podría dar una canción comercial.

"Pobre mi madre querida, cuantos disgustos le daba, cuantas veces escondida llorando triste y sentida en un rincón la encontraba. Que yo mismo al contemplarla, el llanto no reprimía. Luego venía a conformarla, en un beso al abrazarla, en un beso al abrazarla cuando el perdón le pedía. /..." Valse argentino.
"Quién es Dios?, le pregunté a mi madre siendo niño; ella con dulces caricias, curiosa me preguntó: ¿para qué, saberlo quieres? ¡Para amarlo, madre mía! Y al ver que no sonreía, me dijo, pues Dios es Dios. Enfermé yo gravemente y sólo mi madre querida me dio con sus besos vida, con sus caricias salud, entonces le dije así: Madre, tú me has engañado, madre tú me has humillado. Dios no es Dios, Dios eres tú". Pasillo ecuatoriano.
"Con los placeres que el oro me produjo, pasaba sin cesar las horas yo. Y de mi bolsa el poderoso influjo todos gozaban de esplendente lujo, pero mi madre no. Pobre madre que de ella me olvidaba, cuando en brazos del vicio me dormí, un inmenso cortejo me rodeaba, a nadie mis afectos le faltaban, pero a mi madre sí. Cerca ya del último suspiro exclamo con dolor, ya todo terminó. Todos mis amigos, se apartan de mi lecho, nadie recuerda este humilde pecho, pero mi madre sí". Canción argentina.
Con vuestro permiso queridos lectores, no puedo dejar de mencionar la obra musical que me ha dado más satisfacciones a nivel del cariño, no sólo en el Per, sino fuera de él.

Madre, cuando recojas con tu frente mis besos,
todos los labios rojos,
que en mi boca dejaron
huirán como sombras
cuando se hace la luz.


Madre, esas arrugas se formaron pensando
¿dónde estará mi hijo?
¿por qué no llegará?
y por más que las bese
no las podré borrar.


Madre, tus manos tristes como aves moribundas
déjame que las bese
tanto, tanto han rezado
por mis locos errores y mis vanas pasiones



Y por último, madre
deja que me arrodille
y sobre tu regazo coloque mi cabeza
y dime hijo de mi alma para llorar contigo.


Tomado de la Revista Variedades del diario El Peruano.




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