domingo, 13 de marzo de 2011

LA CANCIÓN DE LIMA



Tomado de "HAYLLI" BOLETÍN OFICIAL DEL CENTRO UNIVERSITARIO DE FOLKLORE - UNMSM Octubre 2007 http://www.ccsm-unmsm.edu.pe/folklore/publicaciones.htm

LA CANCIÓN DE LIMA

Por Manuel Acosta Ojeda

No existen noticias claras de cómo eran las danzas y canciones de los primeros habitantes de nuestra vieja Lima hace unos dos mil años. Tampoco sabemos qué cantaba o bailaba Taulichusco “El Joven”, último Cacique de Lima en 1535, pero sí estamos seguros de que el negro peruano –mestizo por cultura, por nuestro, nativo- es el creador de la canción y danza de nuestra Lima popular. Ese negro tenía muy poco de africano; no cultivaba ritos de influencia del mencionado continente, como el vudú en Haití, la santería en Cuba y otros lugares antillanos; el “candombe” y la “macumba” en Brasil y otros ritos religiosos que se practicaban en la Martinica, Jamaica, Santo Domingo, y otras regiones.
Por tradición oral, de padres a hijos, sabía que existían el león, el elefante, la jirafa, el rinoceronte, el hipopótamo, los monos y demás especies, aunque nunca los vio. Juan José Vega nos contaba que, primero, los negros esclavos fueron usados como “de guerra” en la invasión española; después murieron por millares en las minas de nuestros Andes, a más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar.
La señora Chabuca Granda decía, repitiendo a algunos “estudiosos”, que “lamentablemente, el negro era enemigo natural del Indio”. Juan José Vega destrozó tal falacia, al demostrar que el negro (y a caballo) luchó junto a Túpac Amaru por la liberación de sus hermanos indios, a los que sentía compatriotas, no así al blanco español.
El negro que crea El congorito a mediados del siglo XVIII, estaba en pleno proceso de peruanización, comía papa, quinua, charqui, chuño, oca, cancha, mote, cuy, conoció al cóndor, la llama, la vicuña, el guanaco y la alpaca. Alguna vez se puso poncho, ojotas y chullo. Vio bailar el huayñu y la q'aswua. Su risa estaba mojada de lágrimas peruanas.
El negro limeño, afincado “Abajo el Puente” – lo que hoy es el distrito del Rímac- es, hasta donde sabemos, el más antiguo creador de festejos, zamacuecas, amor fino, décimas, alcatraz, son de los diablos, panalivios, mozamalas. No se tiene noticia -en América Latina – de un grupo similar a “Los doce pares de Francia” que estaban en el famoso Malambo.
Se dice que “Abajo el Puente” era un terreno pedregoso, rodeado de matorrales, donde vivían los autóctonos que se dedicaban a la caza de camarones. También los
hombres que sufrían de lepra. En 1563 vivían éstos en El Arrabal de San Lázaro y don Antonio Sánchez se vio obligado a construir un hospital para los enfermos del mal de Hansen o lepra. El Damero de Pizarro pronto quedó pequeño al aumentar la población española, y muchas de sus familias establecieron sus viviendas, a las que llamaban solares,
“Abajo el Puente”. Cuando se construyó el puente de piedra, en 1610; y la Alameda de los Descalzos, en 1611, el negro esclavo estuvo presente, o como observador o trabajando junto al nativo.
La Alameda Grande fue el primer nombre de ésta, pues era inmensa para la época. Tenía tres anchas vías, dos para el tránsito de las calesas, bordeadas de ocho hileras de árboles frutales y una al centro para el paseo de las personas, perfumada por jardines laterales con flores de rarísima belleza. Su nombre actual lo toma del Convento de los Descalzos (franciscanos). Augusto Áscuez Villanueva, el más grande folclorista de música costeña peruana que hemos conocido, se enteró de esto por sus antepasados.
También sabía que el virrey Amat ordenó construir solares para verse a solas con su Micaela Villegas “La Perricholi”; uno en la esquina del Copacabana y otro en Malambo.
José Carlos Mariátegui, en su sétimo ensayo, dice que Ricardo Palma es un Criollo de Lima y Abelardo Gamarra es un criollo de la Sierra. En la Misa Criolla argentina todo es música de tierra adentro: vidala, zamba, baguala, chacarera, y otras; no hay ni tango ni vals.
Creemos, pues, entonces, que criollo también puede ser un serrano, pues es tan criollo un tondero, un yaraví o una marinera como una muliza. Hay que reivindicar al negro peruano, creador de la canción popular de Lima, y no discriminarlo como hasta ahora, porque siempre que hay un programa musical escucho decir: “Tal día va lo serrano, después lo criollo y al final lo negroide”.

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Diario El Peruano 23 de Mayo de 1997



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